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Iglesia Bautista Victoria |
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Capitulo 2
Introducción El creyente maduro no sólo es paciente en las pruebas (Santiago capítulo 1), sino que también practica la verdad. Este es el tema del capítulo dos; Santiago quería que sus lectores practicaran la Palabrada Dios, por lo que les da una prueba sencilla. 1º Jesús no hizo acepción de personas, vv. 1-4 “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. 2 Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, 3 y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; 4 ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?”. Los judíos de aquel entonces ambicionaban reconocimiento y honor, y competían por ser halagados. Hoy en día existe el mismo problema en toda esfera social, e incluso ha llegado hace mucho a las iglesias, debemos recordar lo que le dijeron a Jesús sus enemigos, Mateo 22:16 “Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres”, Por medio de esta adulación, aunque no dijeron sino la verdad, esperaban tomarlo desprevenido, recuerde que la única intención de los herodianos era la muerte de Jesús, y los fariseos como lo saduceos deseaban silenciarlo completamente. (Lucas 13:319). El Señor no miraba el exterior del hombre, sino que miraba su corazón. Nosotros somos diferentes, estamos siempre propensos a juzgar por lo que vemos e incluso por lo que hemos oído de ellas, está el ejemplo de Pablo en hechos 9:26-28 (leer). Nosotros ¿Cómo podemos imitar a Cristo en nuestras relaciones humanas?......................... muy simple, viendo a los demás con los ojos de Cristo. 2º La Gracia de Dios, vv. 5-7 “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? 6 Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales?7¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros?”. Dios nos salva completamente tomando como base la obra de Cristo en la cruz, y no por lo que poseemos o por l que somos; Dios no hace acepción de persona, Hechos 10:34 “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas”. Santiago da una exhortación dura en los versículos 6 y 7, cuando dice oprimen es literalmente “tiranizar”, era fácil que el rico se aprovechara del pobre y que influyera en las decisiones de los tribunales, y esta es una referencia a los juzgados civiles, pero también una referencia probable a ciertos tribunales religiosos, los judíos acaudalados se oponían a Cristo y se dedicaban a acosar a estos cristianos pobres, y Jesús les advierte esto a sus discípulos (Juan 16:1-4 leer). 3º La Palabra de Dios, vv. 8-11 “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. 10 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley”. Santiago acude al Antiguo Testamento en busca de una de las leyes de Dios (v.8) citada de Levítico 19.18. Santiago llama Ley real al mandamiento “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, es decir con la misma intensidad que nos amamos a nosotros mismos. Esta ley
El ser transgresor se refiere a alguien que va más allá de los límites establecidos por la ley de Dios. El que hacía acepción de personas se convertía en violador de la ley de Dios y se hacía culpable de toda ella, hoy el que hace acepción de persona está abiertamente contra Dios, porque Dios no hace acepción de personas. 4º El juicio de Dios, vv. 12-13 “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad. 13 Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”. Veamos algunas citas: Romanos 14:10-13 “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. 12 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. 13 Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” 2 Corintios 5:9,10 “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. 10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. Cada uno de nosotros seremos juzgados:
Seremos juzgados por “La ley de la Libertad”; cuando obedecemos a la ley de Dios, esta nos libra del pecado y nos ayuda a andar en libertad, Salmo 11945 “Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos”. Esta libertad es libertad genuina del pecado. A medida que el Espíritu Santo aplica los principios de las Escrituras en el corazón de cada uno de los creyentes, sosmos liberados al pecado y somos capacitados para obedecera Dios, Juan 8:34-36 “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Importante es saber que ser libre no quiere decir en ningún caso libertinaje (desenfreno en la conducta), recordemos Gálatas 5:13 “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. Porque vosotros, El “vosotros” es enfático, por su posición, “Vosotros, hermanos,” a libertad fuisteis llamados. El griego expresa: “Sobre fundamento de libertad”. El estado o condición en que habéis sido llamados a la salvación, es un estado de libertad. Solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, Tradúzcase: “Solamente que no tornéis la libertad (vuestra) en una ocasión para la carne”. Es decir, no demos a la carne el pretexto (Romanos 7:8, “ocasión”) para su condescendencia que ella ansiosamente busca; no permitamos que la carne haga de la “libertad” cristiana un pretexto para su indulgencia (1 Pedro 2:16 “como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios”; 2 Pedro 2:19 “Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”; Judas 4 “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”). Sino servíos por amor los unos a los otros, Griego, “Sed siervos (estad en servidumbre) unos a otros”. Si tenemos que ser siervos, entonces seamos siervos unos a otros, en amor. La libertad verdadera es alcanzar lo máximo en Cristo Jesús Señor nuestro. En la siguiente sección Santiago trata la relación que existe entre la fe y las obras. Aquí el punto de Santiago no es que las personas se salven por las obras, él ya ha establecido con firmeza y claridad que la salvación es un don gratuito de Dios 1:17,18 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. 18 El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas”. El pecador es salvo por fe, Efesios 2:8,9 “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe”, y el Salvad o, el hijote Dios debemos andar por fe, 2 Corintios 5:7 “(porque por fe andamos, no por vista)”. Santiago nos habla de tres clases de fe: 1º La fe muerta, vv. 14-17 “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. En la iglesia primitiva había algunos que creían tener la fe que salva, pero no eran realmente salvos, Mateo 7:21 nos dice “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Lo que tiene una fe muerta es que sustituye hechos por palabras lo vemos claramente en la exposición de Santiago en los versículos 15 y 16. Nosotros como hijos de Dios debemos ayudar a todos, es parte del testimonio, Gálatas 6:9,10 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. 10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. Ayudar a una persona necesitada es una expresión de amor, y la fe obra por el amor, Gálatas 5:6 “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor”: “Porque”: Con este porque, está confirmando la verdad que es por la fe. “en Cristo Jesús”: Es decir en unión con Cristo por medio de la Salvación. “ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión”: Ningún ritual, y esto estaba dirigido a los legalistas y judaizantes, tiene valor. “sino la fe que obra por el amor”: Esto corresponde a la nueva criatura en Cristo Jesús. La persona con una fe muerta sólo ha tenido una experiencia intelectual, la fe en Cristo trae vida. 2º La fe demoníaca, vv. 18,19 “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. El verso 18 continúa el argumento del 2:14, 16. Quizá alguno diga que tiene fe, aunque no tenga obras. Supongamos que alguno dijera al hermano desnudo: “caliéntate”, sin darle el abrigo necesario. “Pero alguno (que sostiene la correcta opinión de que la fe debe tener obras que la acompañen) dirá” Muéstrame tu fe sin tus obras, si tú puedes; pero tú no puedes enseñar o evidenciar tu alegada fe, sin obras. “Mostrar” aquí no significa “probar”, sino exhibir. La fe es invisible, salvo a Dios. La cuestión aquí no es con respecto a la base de la justificación del creyente, sino acerca de la demostración de su fe. El punto central de Santiago es que las obras constituyen la única evidencia posible de fe verdadera. Tú, muy enfático. Tú, iluso, aparentas tener fe sin obras, crees. que Dios es uno, Su existencia se sobreentiende en esta unidad. bien haces, hasta aquí. Pero a menos que tu fe haga más que asentir a esta verdad, “los demonios (cuya cabeza es Satanás) también creen y tiemblan” (así el griego; Mateo 8:29; Lucas 4:34; 2 Pedro 2:4; Judas 6; Apocalipsis 20:10 leer). La fe de ellos no hace sino aumentar su tormento con el pensamiento de tener que encontrarse con aquel que los ha consignado a su justa condenación. Puede sorprender mucho el hecho que los demonios crean, pero..... ¿Qué creen los demonios?
La persona con fe muerta es afectada en su intelecto; en cambio los demonios son afectados aun en sus emociones, ellos creen y tiemblan, pero el creer y temblar no salva. La fe verdadera implica algo más; algo que se puede ver y reconocer, implica “una vida cambiada”, 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. 3º La fe verdadera, vv. 20-26 “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. La fe verdadera es fe que salva (conocida también como fe dinámica) Por dos ejemplos se demuestra que la fe que justifica no puede ser sin obras: Abraham y Rahab. Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. La fe que produce tales obras le llevó a favores especiales. Ambos escucharon el mensaje de Dios y creyeron a su Palabra, Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Nótese aquí, el maravilloso poder de la fe para cambiar a los pecadores. La conducta de Rahab probó que la fe de ella era viva y tenía poder; demostró que ella creía con su corazón y no solo por asentimiento intelectual. Todo lo que hacemos por fe es realmente bueno, porque se hace en obediencia a Dios y para su aceptación: cuando no hay fruto es como si la raíz estuviera muerta. La fe es la raíz, las buenas obras son los frutos y debemos ocuparnos de tener ambas. La fe verdadera, la fe que salva, la fe dinámica está basada en la Palabra de Dios; la fe muerta sólo toca el intelecto, la de demoníaca abarca el intelecto y las emociones, pero la fe verdadera, la fe viva abarca también la voluntad.
Dios les bendiga
Ricardo Ulloa V. Pastor
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